Los Sismos Olvidados.

Por: Fernando López Zamora

A poco de cumplirse dos años de los sismos ocurridos en México es fácil recordar las imágenes asociadas de esos días, así como el lugar y las fechas claves de estos fenómenos. Sin duda estos quedaran en la memoria colectiva de las generaciones que solo conocían tales eventos a través de las anécdotas de quienes vivieron los sismos de 1985 y 1957 aunque los ejemplos no se limitan a ellos. Muchos otros terremotos han acontecido en la historia del país, pero son muy pocas las personas que tiene conocimientos de ellos. No se diga de aquellos eventos que ocurrieron mucho antes de la llegada de la sismología moderna a nuestro país a principio del siglo pasado y de los cuales, son muy pocas las referencias sobre sus efectos y sus características.

En los últimos años, con ayuda de descripciones históricas, los sismólogos se han dado a la tarea de hacer estimaciones de parámetros tales como magnitud e intensidades a través del cálculo de la energía necesaria para producir los daños registrados durante un evento en particular en diversos puntos de una región, y con ello es posible tener una idea cercana de qué efectos tuvieron en la sociedad. Gracias a esta técnicas, se ha identificado eventos muy significativos que, de haberse producido en nuestros días, tendrían un impacto mayor que algunos de los sismos más memorables en nuestra historia.

El primero de ellos corresponde al llamado “sismo de San Sixto”, acontecido el 28 de marzo de 1787. Según las descripciones, los mayores efectos fueron registrados en los actuales estados de Puebla, Guerrero y Oaxaca, siendo este último, el más afectado. Las fuentes muestran una ciudad totalmente devastada, las casas eran inhabitables y los edificios públicos funcionaban como campamentos de refugiados. Los daños llegaron a la capital de la Nueva España donde se habla de grandes destrozos en la parte central de la ciudad, la catedral metropolitana, en construcción en ese entonces, resultó afectada en sus torres por lo que fue necesario realizar reparaciones mayores. Junto al sismo, un tsunami se registró en la costa del océano Pacífico entre Tehuantepec y Acapulco, donde olas de 18 metros de altura llegaron hasta 5 millas tierra adentro.

Su magnitud estimada es de 8.6 Mw, lo que lo convierte en el mayor sismo que se tenga conocimiento en nuestro país tanto en la época instrumentada como previa esta.

El “sismo de Santa Juliana” ocurrió el 18 de junio de 1858, tuvo como epicentro el estado de Michoacán, sus efectos fueron sentidos en todo el estado, así como Guerrero, Jalisco, Hidalgo y la ciudad de México. Es uno de los pocos sismos del siglo XIX que se tiene una descripción bien detallada a través de cartas enviadas de las localidades de todo el estado al obispado de Morelia. Una de las ciudades más afectadas fue Pátzcuaro, donde su iglesia sufrió daños de importancia. Es aquí donde se tienen contabilizadas de las únicas muertes fuera de la ciudad de México, con un total de 21. Entre las ciudades que reportaron daños considerables se encuentran Iguala, Toluca, Texcoco, San Luis Potosí, Querétaro, Tlaxcala y Oaxaca. En la ciudad de México se tiene reporte de más de 200 edificaciones dañadas entre las que destacan los acueductos de San Cosme y Salto del Agua. Su magnitud estimada es de 8.0 Mw, y el epicentro se localiza dentro de la placa de Norteamérica, por lo que es un buen ejemplo de un sismo intraplaca.

Ahora bien, los siguientes ejemplos ocurrieron a pocos años de la inauguración del SSN, pero su importancia radica en que son los primeros grandes sismos en México de los que se tienen sus parámetros técnicos bien analizados pero debido a las circunstancias sociopolíticas de ese momento son pocas las personas que tienen conocimiento de ellos.

El primero fue el llamado “sismo maderista”, ocurrió la mañana del 07 de junio de 1911, fecha en la que el ejercito comandado por Francisco I. Madero entró triunfante a la ciudad de México. El epicentro se localizó en las costas entre los estados de Guerrero y Michoacán y su magnitud fue de 7.8 Mw, el número de víctimas oscila entre 40 y 45 pero debido a que pocas horas después, la ciudad se encontraba festejando, el evento quedó opacado por la memoria colectiva.

Par último, en 1912, en el Estado de México, se produjo el “sismo de Acambay”, con magnitud de 6.9 Mw, pero a tan solo 130 km de la ciudad de México, los daños en la zona epicentral fueron inmensos. Este sismo se originó dentro del sistema de fallas que corre por el centro del país, específicamente en el graben de Acambay, una zona donde se da extensión de la corteza dentro de la placa de Norteamérica. Este ejemplo de sismos de intraplaca deben ser tomados seriamente debido a la poca profundidad a la que se originan, así como la distancia menor en la que se encuentran, lo que implicaría una mayor cantidad de energía que llegaría a zonas urbanas, sin mencionar que la alerta sísmica, diseñada para eventos en la zona de las costas del Pacífico no sería útil ya que no se cuenta con sensores para eventos provenientes de esa región.

Sin duda, existen un mayor número de eventos que ocurrieron en el pasado de nuestro país, por lo que su estudio es de suma importancia para conocer todos los escenarios posibles y así, evitar que ocurran desastres similares o mayores de aquellos que tenemos presentes. Al aprender de ellos tendremos las herramientas necesarias para comprender la enorme historia geológica de la cual deriva cada una de las estructuras sobra la cual nos asentamos.

REFERENCIAS.

  • del Villar, A. M. (2004). 19th century earthquakes in Mexico: Three cases, three comparative studies. Annals of Geophysics47(2-3).
  • Quinones-Hinojosa, A., Sanai, N., Gonzalez-Perez, O., & García-Verdugo, J. M. (2007). The great 1787 Mexican tsunami.
  • Rodríguez-Pascua, M. A., Pérez-López, R., Garduño-Monroy, V. H., Perucha, M. A., & Israde-Alcántara, I. (2017). Estimation of the epicentral area of the 1912 Acambay earthquake (M 6.9, Mexico) determined from the earthquake archaeological effects (EAE) and the ESI07 macroseismic scale. Quaternary International451, 74-86.
  • http://www.ssn.unam.mx/sismicidad/reportesespeciales/1912/SSNMX_rep_his_19121119_acambay_M69.pdf

1 comentario

    • Martha León on 9 septiembre, 2019 at 8:28 am
    • Responder

    Muy interesante , y muy cierto lo tenemos presente algunos años y luego se nos olvida gracias

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