¿Estamos realmente en riesgo de colisión con un asteroide?

Por: Fernando López Zamora

Recientemente han circulado noticias en varios medios de comunicación donde se habla de la posibilidad de la caída de un asteroide en la Tierra que podría causar una gran devastación amenazando a la humanidad. Lamentablemente para todos, la pregunta no es si seremos impactados, sino cuándo. Basta con mirar a nuestro satélite natural y darnos cuenta de la gran cantidad de cráteres que posee en su superficie y hacernos a la idea de la frecuencia con que la Luna es impactada, por lo que es fácil suponer que la Tierra, siendo de un tamaño superior, la probabilidad de recibir un impacto aumenta considerablemente.

Caso contrario a la Luna, en la Tierra son muy pocos los cráteres de asteroides que se pueden observar, esto debido a la dinámica geológica del planeta que los ha erosinado, reduciendo su número a unas cuantas decenas, el más famoso quizá, es el cráter Chichxulub ubicado en la península de Yucatán, México, con cerca de 170 km de diámetro y una edad aproximada de 66 millones de años está asociado al evento de extinción de finales del cretácico, donde cerca del 70% de las especies se extinguieron, entre ellos los dinosaurios y otros grandes reptiles. Por lo que sabemos, la humanidad no ha sido testigo de un impacto de asteroide, pero sí ha presenciado bólidos que entran en la atmósfera los cuales se desintegran antes de hacer contacto con la superficie.

El evento de Cheliábinsk, Rusia, ocurrido el 15 de febrero de 2013 fue un evento que tomó por sorpresa a los astrónomos encargados de vigilar a estos objetos conocidos como NEO (Near Earth Objects) y llevo a replantear la estrategia de vigilancia de aquellos objetos próximos a la Tierra que pueden representar riesgo de impacto en un futuro cercano. La Administración Espacial de Aeronáutica y el Espacio (NASA) tiene a su cargo el Centro de Estudio de Objetos Próximos a la Tierra (CNEOS) que se dedica a la clasificación, vigilancia y observación de aquellos nuevos objetos para después, calcular su órbita y dependiendo de su potencial de acercamiento a la Tierra, estimar el riesgo de impacto dentro de dos categorías.

Existen aquellos que no representan ningún riesgo, y aquellos que tienen probabilidades de acercarse a 1.3 unidades astronómicas (la distancia de la Tierra al Sol) que se clasifican como PHAs o “Asteroides Potencialmente Peligrosos” (por sus siglas en inglés) dentro de estos, existen subdivisiones que dependen de la forma de su órbita y cómo interactúan con la órbita de la Tierra. (Figura 01)

Figura 1

Pero ¿qué estrategias se han tomado para protegernos? El primer escudo que posee la Tierra se encuentra a 600 millones de kilómetros de distancia y es el planeta más grande del sistema solar, es decir Júpiter. La gran masa del planeta gaseoso es suficiente para que la gran mayoría de aquellos cuerpos que se acercan a los planetas interiores, sean atraídos por él y se impacten en su atmosfera. El caso más conocido es el del cometa Shoemaker-Levy 9 en el mes de julio de 1994 cuando los 22 fragmentos que consistían al cometa impactaron Júpiter dejando manchas negras del tamaño de la Tierra. Y segundo, la atmósfera terrestre es el último escudo con que cuenta la Tierra, ya que el calor producido hace que los fragmentos pequeños se desintegran antes de llegar a la superficie.

Fuero de esto, no se cuenta aún con tecnología para interceptar un objeto espacial que tenga como objetivo la Tierra, pero sí existen planes para tratar de desviar un asteroide en 2021, cuando la sonda Double Asteroid Redirection Test (DART) apunte al asteroide Didymos y se estrelle a alta velocidad en octubre de 2022. Otros planes han sido desarrollados tales como simulación de escenarios variando el lugar y tamaño del objeto que choque con la Tierra, dejando únicamente a Hollywood aquellas misiones donde grupos de humanos colocan bombas en un cometa y salvan al planeta.

Según la NASA, existe únicamente un objeto que representa un riesgo importante de colisión con la Tierra, se trata del objeto (29075) 1950 DA, parte del grupo de los “Apolo”, descubierto en 1950 y vuelto a observar en 2010, este asteroide, de 1.3 km de diámetro, tiene una probabilidad en 4000 (0.025%) de impactar al planeta el 16 de marzo de 2880.

Otros objetos con “altas probabilidades de impacto” son 101955 Bennu (1999 RQ36) con un tamaño de 490 metros y una velocidad de 6 km/s, sus acercamientos máximos a la Tierra serán en los años 2175 y 2199, así como (2007 FT3) de 340 metros de diámetro, este último, tuvo un encuentro con la Tierra el 9 de septiembre de este año, por lo que las alertas se encendieron en todo el mundo, sin embargo, no representó ningún riesgo para el planeta y se espera que su próximo paso cercano sea en 2116.

Si bien, aún no existe algún cuerpo que represente un riesgo inminente para la humanidad, cada día se descubren un promedio de 6 objetos nuevos que son clasificados y añadidos a la lista de NEO’s, estimando que se han descubierto cerca del 40% de ellos.

Como conclusión, la Tierra se encuentra dentro de un campo de tiro donde afortunadamente, la mayoría de los impactos son absorbidos por Júpiter o desintegrados en la atmósfera terrestre, sin embargo, es necesario solamente un objeto relativamente grande para generar gran devastación, y aunque suene catastrófico, las probabilidades son sumamente pequeñas, pero tarde o temprano, tendremos un nuevo encuentro con alguno de estos viajeros espaciales.

Referencias:

  • CHESLEY, Steven R., et al. Orbit and bulk density of the OSIRIS-REx target Asteroid (101955) Bennu. Icarus, 2014, vol. 235, p. 5-22.
  • FARNOCCHIA, Davide; CHESLEY, Steven R. Assessment of the 2880 impact threat from Asteroid (29075) 1950 DA. Icarus, 2014, vol. 229, p. 321-327.
  • Morbidelli, A., Bottke, W. F., Froeschlé, C., & Michel, P. (2002). Origin and evolution of near-Earth objects. Asteroids iii409.

https://cneos.jpl.nasa.gov/

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